Las virtudes del modelo chino

Abdiel Rodríguez Reyes

Doctor en filosofía

En un mundo marcado por la incertidumbre, los conflictos y la crisis climática, resulta imprescindible mirar con atención las trayectorias de los grandes actores globales. China, bajo el modelo del “socialismo con peculiaridades chinas” y la dirección del Partido Comunista, ha logrado avances notables, entre ellos la reducción drástica de la pobreza extrema, la modernización de infraestructura y un vigoroso desarrollo científico y académico que invitan a una reflexión serena sobre sus virtudes y lecciones. Comprender este modelo no como una réplica automática de otro, sino como una experiencia histórica distinta nos permite extraer enseñanzas sobre planificación a largo plazo, diplomacia de paz y la integración de políticas ambientales y tecnológicas para afrontar desafíos globales.

 

Creo que, en las difíciles circunstancias del momento, no perdemos la esperanza de un mejor porvenir para la humanidad, es importante prestarle atención a China, por su experiencia de éxito y diplomacia de paz. Lo que ellos llaman el socialismo con peculiaridades chinas. No olvidemos que los logros de China, como erradicar la pobreza extrema y su grandeza como potencia global, son el resultado bajo la conducción del Partido Comunista de China. A partir de lo cual, han fundado en 1949, lo que hoy llamamos República Popular China. Tenemos que entender que es una forma de gobierno distinto al que estamos acostumbrados en Occidente. Simplemente es distinto y se enfatiza en priorizar al pueblo, siendo así fiel al origen etimológico del concepto democracia.

 

China es un gran país poseedor de una gran civilización, los países que quieran alcanzar un mayor grado de plenitud, tienen que abrigar su pasado civilizatorio; por ejemplo, nosotros en Panamá, debemos recurrir a nuestros ancestros aurorales. Es evidente que China se siente orgullosa de su grandeza milenaria. Como un árbol con profundas raíces y grandes frutos. Como toda gran potencia, enfrenta retos importantes, de cómo mitigar la crisis climática planetaria, siendo uno de los países más poderosos industrialmente, su huella ecológica es inmensa, pero a través de los bonos verdes para una economía sostenible están amortiguando el impacto del capitalismo sobre la naturaleza, también como la implantación de tecnología para apaciguar los daños de las diversas formas de extractivismo. Estéticamente en las grandes ciudades es palpable la reforestación y, es notable el color verde de las mismas.

 

En las ciudades se nota como se está modernizando la infraestructura, se nota la influencia occidental, incluso, las distinciones entre las del siglo XX y las del presente. Sin infraestructura es difícil erradicar la pobreza. Las universidades están a la vanguardia con programa de estudios y posgrados al más alto nivel. Para mantener ese estatus es muy importante mantener un intercambio académico con universidades tanto del Norte como del Sur global. Continuar al más alto nivel un diálogo entre civilizaciones distintas, para diseñar un futuro en común. Hay que aprender de las experiencias exitosas, y también de las que no lo son, de ambas se aprende de cara a los retos del futuro. Tanto a largo como corto plazo. La integración de los planes quinquenales como también la estrategia de larga duración. La aceleración capitalista se está devorando a Occidente, mientras China está pensando en la posteridad, en siglos.

 

Los acelerados cambios en China pronto la pondrán en la cúspide de las potencias, le corresponderá multipolarmente timonear las decisiones globales. O al menos, ser decisiva. Los conflictos bélicos, la crisis ambiental planetaria, son algunos de los principales problemas no de algún país en particular, sino de la humanidad, por eso, el pensar en un futuro compartido para la humanidad, lo consideramos el imperativo para salir airoso de esta crisis planetaria. Una diplomacia de intereses y paz es consecuente con la posibilidad de un futuro favorable para la humanidad. Todos los países al igual que China, tienen sus intereses, es importante que no se imponga ningún criterio por la fuerza, sino por la paz y que, cada país pueda satisfacer sus necesidades para alcanzar la plenitud, la exitosa experiencia China, con sus virtudes, nos puede orientar en ese derrotero.

 

La experiencia china ofrece una carta de navegación para quienes buscan alternativas a la acelerada lógica cortoplacista del capitalismo contemporáneo, en base a la planificación estratégica y el diálogo constructivo. No se trata de idealizar un modelo, sino de reconocer sus aciertos y promover el intercambio académico y civilizatorio para diseñar soluciones compartidas. Frente a problemas que afectan a toda la humanidad, conflictos, desigualdad y crisis climática, la cooperación basada en intereses comunes y respeto mutuo es la vía más prometedora para alcanzar un futuro pleno para la humanidad.

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