

Por Alejandro Román Sánchez
1.YO SOCIAL. Es la manifestación del ser en el mundo en que vivimos. Es la conciencia de vivir. De ser parte de este mundo finito, y como tal, crece, se desarrolla, reproduce y desaparece.
Se caracteriza por ser profundamente vivencial, terrenal y temporal. El aquí y el ahora son relevantes, de modo que no se puede entender la vida sin espacio y tiempo.
Es el más conocido de los tres, porque es el que revelamos ante los demás. Es del cual nos valemos para exteriorizar nuestros intereses, propósitos y compromisos ante los demás, pudiendo transparentar algo distinto o semejante a lo que en lo personal y universalmente somos.
En la realidad limitada en que se desenvuelve, es simple o complejo. Dócil o rebelde. Brillante u opaco. Visionario o cortoplacista. Genuino o imitador. Válido o reprobable. Valeroso o pusilánime. Exitoso o perdedor. Según siga o no la línea imperante en este mundo, sin estimar si refleja o no su naturaleza universal y trascendente.
En el hay un debate constante por parecerse a otros, con quienes hay empatía y comunidad de identidad y propósito. El proceso se centra de lo individual a lo social, destacando las similitudes coyunturales y el sentido transitorio de pertenencia a grupos.
Es un proceso de lo individual a lo grupal.
2.YO PERSONAL. Es la expresión del ser interno en su relación con la vida. Es la conciencia de existir. De la individualidad ante los que nos rodea.
Se caracteriza por ser terrenal y temporal, pero con la conciencia de poseer las individualidades y capacidades para ser distinto y diverso en medio de lo que existe.
Sabe que existe como ser único, en medio del mundo en que vivimos. Sabe que la individualidad le permite vivir con capacidad para discernir y no ser un mero reflejo del entorno.
En el hay un debate constante para esclarecer y proyectar sus características y potencialidades que lo hacen distinto y diferente. El esfuerzo se centra en asentar las individualidades que lo distinguen de los demás. Es proceso de lo general a lo particular.
3.YO UNIVERSAL. Es la externalización de lo universal en la existencia del ser eterno. Es la conciencia de la universalidad. De la presencia en él del universo. Se caracteriza por ser universal y atemporal, sin tiempo ni espacio determinado.
Sabe que es parte de todo y en todo, por lo que trasciende a la vida terrenal. Sabe que es parte de algo que rebasa lo terrenal y sus vivencias.
En el hay un debate, pero desafortunadamente menos constante y profundo, por aflojar y poner de manifiesto la universalidad de la que forma parte. Por destacar su íntima naturaleza y su vínculo con todo lo que existe.
El esfuerzo se centra en relacionarse con el universo, trascendiendo el mundo transitorio que le rodea. Es proceso de lo universal a lo eterno.
Ahora bien, entre los tres yo existen vínculos, de manera que hay intercambio de saberes y experiencias, inclinándose en una u otra dirección.
Entre el YO SOCIAL y el YO PERSONAL hay una relación directa y dinámica. Igual acontece entre el YO PERSONAL y el YO UNIVERSAL. Entre el primero y el tercero hay una relación indirecta, a través del segundo.
En las tres relaciones hay intercambio y, por tanto, una incidencia de doble vía.
En la relación del YO SOCIAL y el YO PERSONAL la tendencia es el predominio del primero. Lo terrenal y sus vivencias suelen marcar el vínculo.
Lo que reina en este mundo tiende a incidir en el YO PERSONAL, de modo que el ser se inclina por lo que tiene y ofrece aquel.
Como quiera que en el mundo es más fácil hacer lo negativo (codicia, egoísmo, injusticia, iniquidad, el mal, etc.) que lo positivo (amor al prójimo, el bien, solidaridad, justicia, equidad, etc.), entonces la vida terrenal termina por ser focal y predominante, a pesar de saber que es temporal.
A pesar de saber que desde que empieza, corre inexorablemente el reloj de arena, que mide el tiempo de vivir. Que nada te llevarás.
La relación entre el YO PERSONAL y el YO UNIVERSAL suele ser episódica, según las experiencias que nos rodean en esta vida escabrosa y transitoria, y que somos apenas un granito de arena en la inmensidad.
En ocasiones es sumamente escasa, relegada a una mazmorra oscura, encapsulada y sepultada en lo más profundo del ser.
Cuánto más es la dominación y prevalencia del mundo terrenal en la relación entre el YO SOCIAL y el YO PERSONAL, más oscura es la relación entre el YO PERSONAL y el YO UNIVERSAL.
Cuando es más dinámica, fluida y frecuente la relación entre el YO PERSONAL y el YO UNIVERSAL, el YO SOCIAL se manifiesta de manera distinta, con menos predominio y determinación del mundo terrenal.
Aprendamos a no ser meros reflejos de lo terrenal, para ser luz y cambio. Lo universal no solo nos une a nosotros. También nos hace entender que no estamos solos.
Nos hace entender que todo lo que existe no es para únicamente nosotros. El universo es demasiado vasto para intentar vanamente acapararlo y para pelear por pequeñas cosas terrenales.












