

Por: José Dídimo Escobar Samaniego
Hace un tiempo, el suficiente como para no olvidarlo, el Presidente de la república expresó una chacotería en la que se burlaba de todos, los que vemos y vivimos la dramática realidad que lamentablemente camina hacia el aumento de las dificultades, mientras que el gobierno anda como arriera sin pestaña.
“La cosa está mal, pero pinta bien”, acotó en aquel momento como si se tratara de un asunto gracioso, que las palabras enredadas pudieran encubrirlo.
Proclamó la unidad nacional y generó esperanza en ese momento, como si hubiese tenido el sentido sensato del momento histórico que la imponía, solo para momentos después, proclamar que su gobierno, no solo estaba constituido de empresarios, sino que, el esfuerzo de gobierno estaría centrado a gobernar para la clase empresarial y “para más nadie”.
Cuando el país fue atacado en su integridad y dignidad por el gobierno de Trump que, amenazó con apropiarse del Canal de Panamá y no pagar por el cruce de sus naves, el gobierno prefirió abordar el tema bilateralmente, dijo que no quería compañeros de camino en un tema tan delicado y sensible, mientras que prefirió entregar vergonzosamente la soberanía nacional, al firmar un memorando de entendimiento que viola la Constitución Política que Juró respetar, además, de que viola el Tratado de Neutralidad del Canal en su artículo Quinto y hoy Estados Unidos de Norteamérica, utiliza el Territorio Nacional panameño, como rampa de lanzamiento de operaciones intervencionistas en el Continente latinoamericano, violando las normas del derecho internacional en lo que constituye una imposición de una guerra a América Latina entera, en una zona desnuclearizada y que no puede darse el lujo de conflictos armados, ahora sus naves no pagan por cruzar el Canal y a Panamá, le toca subvencionar a la economía norteamericana y hasta una importante sesión de la Junta Directiva del canal, se hace en Territorio norteamericano y cuyos sensibles temas le son escondidos al único dueño legítimo del Canal.
Estados Unidos de Norteamérica desde hace dos siglos ha intervenido abiertamente, tanto política como militarmente en América Latina y en Panamá, desde el incidente de la Tajada de Sandía en abril de 1856, en la separación de Panamá de Colombia en 1903, en octubre de 1925, en enero de 1964 y la criminal invasión del 20 de diciembre de 1989, hace 36 años, y en América Latina a lo largo de la historia, la situación no es distinta a la panameña, por lo cual ha habido numerosas intervenciones y apoyo dictaduras o golpes de estado, para satisfacer su interés nacional y sus propios fines económicos y geopolíticos en lugar de un compromiso con la democracia. Queda Claro que, Estados Unidos de Norteamérica nunca ha estado comprometido con la verdadera democracia de América Latina, sino con el ejercicio de su dominio grosero en su “patio trasero”
Sin embargo, el Gobierno Nacional y los que le han antecedido, han tenido una conducta absoluta y vergonzosamente genuflexa, lo que le ha permitido a Estados Unidos someter nuestra soberanía, reconvertirnos en su “patio trasero” y hacernos parte de su confrontación contra China.
El envilecimiento que, desde el liderazgo del estado se ha introducido, como si fuera un chiste, nos lleva a considerar que la genuflexión, la falta de amor al país, debe ser considerado como virtuoso y a quienes luchan por la integridad, contra la corrupción deben ser perseguidos y llevados a su mínima expresión para que, en esas condiciones, poder convertir a la patria en una finca donde las personas y toda su dignidad se conviertan en reses.
A este dramático momento nos enfrentamos en esta decisiva hora para la patria y que nos convoca a todos los ciudadanos de bien a la Gran marcha del pueblo el próximo 22 de mayo.
¡Así de sencilla es la cosa!
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