

Por Jaime Flores Cedeño
Abogado con Maestría en Derecho Laboral-Historiador
El pasado 3 de mayo se cumplieron 80 años de los Juicios de Tokio, donde fueron procesados 28 japoneses responsables de crímenes contra la humanidad, fue un proceso largo donde salieron a la luz las atrocidades vividas durante la Segunda Guerra Mundial. En este contexto Japón fue uno de los principales protagonistas y responsables, cuyo exterminio poblacional causado se sintió más fuerte en China con la masacre de Nankín en 1937. A la fecha Japón ha ignorado responsabilidades, en contraste, su hostilidad hacia la República Popular de China indica ser parte de su política exterior.
De los japoneses que fueron llevados a juicio 25 fueron condenados, de estos siete recibieron la pena de muerte, otros obtuvieron cadena perpetua, sin embargo, aunque parezca sorprendente el emperador Hirohito fue excluido por el propio General MacArthur y se culpó de forma directa al primer Ministro Hideki Tojo, quien hizo un intento fallido de suicidarse, pero al final fue llevado a la horca el 23 de diciembre de 1948.
Los juicios de Tokio condenaron a criminales de guerra y estuvieron precedidos por los juicios de Nuremberg, ambos procesos de connotación mundial hicieron un llamado a las naciones para que no volvieran a suceder eventos similares. La historia no dio la razón en materia de conflictos armados, porque luego de la efímera paz, cayó la Guerra Fría, que causó más muertes y caos, como en Corea y Vietnam. Estos conflictos propendían a fortalecer la hegemonía de los Estados Unidos de América y sus países aliados. En Europa hubo alianzas armadas como la OTAN y el Pacto de Varsovia, que pusieron al mundo en el punto atómico. América Latina, no fue diferente, también sufrió las consecuencias con la imposición de dictadores proclives a Washington que causaron la muerte de miles jóvenes, trabajadores, mujeres y luchadores sociales, recordamos la Operación Cóndor en los años setenta, que desató la irracionalidad fascista, dejando centenares de fallecidos que aún reclaman justicia.
En la Constitución de 1947, Japón prohibió tener efectivos armados y renunció a la fuerza en los casos de disputas internacionales, el Tratado de Paz de San Francisco de 1951, firmado por 48 países, consolidó aquella disposición. Estas prohibiciones fueron un montaje, porque fueron sustituidas con la presencia de bases militares en el territorio Nipón, que se mantienen hasta el presente y que forman parte de la estrategia imperial de los Estados Unidos en Asia.
Japón en las últimas horas ha vuelto a echar por tierra todos los acuerdos que en la práctica nunca ha cumplido, al participar en los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos, Australia y Filipinas, donde hizo disparar un misil antibuque Type 88 en el ejercicio Balikatan 2026, en aguas frente al mar de China Meridional.
La reacción del Ministerio de Asuntos Exteriores de China fue inmediata, en un comunicado dado a conocer al mundo expone: «Este es otro ejemplo más del impulso de las fuerzas derechistas japonesas para acelerar la remilitarización de Japón. Han vulnerado repetidamente la política exclusivamente orientada a la defensa de Japón y las normas relevantes en las leyes internacionales y nacionales. Algunas de sus políticas y movimientos han ido mucho más allá del alcance de la legítima defensa.»
Estas acciones militares calientan la región y colocan a Japón como una Nación beligerante que podría traer serias consecuencias para la permanencia de la paz, que es el camino seguido por China en su política de coexistencia pacífica.
A 80 años de los juicios de Tokio, Japón asume una posición bélica que le fue negada a raíz de la Segunda Guerra Mundial y hace recordar aquellos episodios de conflagración que jamás deben repetirse. El diálogo entre las naciones y los entendimientos, como ha remarcado China representan los principios que se han sustentado en diferentes Cumbres Mundiales, que han enfatizado su rechazo a la Guerra y su apuesta por la paz y el bienestar de los pueblos.














