Ikay Romay le responde a Marco Rubio

Otra vez tú, Marco. Ahora sí te voy a responder como es debido.

Mira, yo soy Ikay Romay, cubana, revolucionaria, hija de esta tierra que tú escupes desde tu cómodo escaño. Y voy a tomarme el tiempo que haga falta para decirte las cosas claras, con datos, con verdades y con el corazón que a ti te falta.

Lo primero que quiero que sepas: yo no niego las dificultades. Soy cubana, vivo aquí, las sufro. Los apagones, las colas, la escasez. Pero no soy ingenua ni mentirosa: yo sé de dónde vienen esos problemas.

¿Qué está pasando en Cuba ahora mismo, Marco? Te cuento, porque parece que tus asesores no te informan bien o tú prefieres mentir.

Desde principios de 2026, Estados Unidos, tu país, firmó una orden ejecutiva que impone aranceles a cualquier nación que nos venda petróleo. ¿Sabes qué significa eso? Que desde hace más de tres meses no entra a Cuba un solo barco con combustible contratado en el mercado internacional. Más de 1,400 megavatios de electricidad que podríamos generar no se generan porque no tenemos diésel, no tenemos fuel oil, no tenemos gasolina.

Eso, Marco, se llama bloqueo energético. Y es genocida. Porque no afecta a funcionarios ni a burócratas. Afecta a mi vecina que necesita el refrigerador para guardar la insulina de su hijo. Afecta al panadero que tiene que prender un horno de leña como en el siglo pasado. Afecta a los hospitales, a las escuelas, a la vida diaria de once millones de seres humanos.

Pero ojo, que también hay cosas que tú nunca dices, porque te conviene omitirlas.

A pesar de que nos tienen secuestrados energéticamente, Cuba está respondiendo como siempre ha respondido: con inventiva y con cojones.

En 2025, Cuba alcanzó la producción de petróleo más alta de los últimos siete años. Se han instalado 52 parques solares que ya generan más de 1,000 megavatios. Las energías renovables pasaron del 3% al 10% de la matriz eléctrica en solo un año. En horas del día, el sol nos da hasta el 38% de la electricidad que consumimos.

Mientras tú hablas desde el aire acondicionado de tu oficina en Washington, los técnicos cubanos están recuperando termoeléctricas, perforando pozos, instalando paneles solares en comunidades aisladas, en policlínicos, en hogares de ancianos.

Y dime una cosa, Marco: ¿qué país «fallido» tiene una tasa de alfabetización del 99%? ¿Qué país «fallido» tiene médicos regalando salud en el mundo entero mientras el imperio nos bloquea hasta las jeringas? ¿Qué país «fallido» mantiene la esperanza de vida por encima de 78 años, igual que Estados Unidos, pero sin tener que vender un riñón para pagar una operación?

Y otra cosa que te duela: el gobierno cubano presentó en abril de 2026 el Programa Económico y Social, elaborado con la participación de más de 2 millones de cubanos. Allí se establece que el presupuesto estatal seguirá garantizando la salud gratuita, la educación gratuita, la seguridad social. Eso no es un estado fallido, eso es un estado que prioriza la vida humana por encima del capital.

Tú llamas fracaso a lo que yo llamo resistencia. Tú llamas fallido a lo que yo llamo dignidad.

Tú lo único que haces es odiar. Y el odio te nubla. Porque no ves que Cuba está aquí, firme, con sus apagones y con sus logros, con sus colas y con sus escuelas llenas de niños aprendiendo a leer, con sus hospitales funcionando con lo poco que tenemos.

Cuba vive, Marco. Y tú no vas a matarla con tus mentiras ni con tu bloqueo.

Así que ya sabes: cuando quieras hablar de estados fallidos, empieza por arreglar los tiroteos en tus escuelas, los homeless en tus calles, el racismo en tus policías y la gente que muere porque no puede pagarse un seguro médico.

Mientras tanto, déjame con mis 90 millas de dignidad, mis apagones y mi pueblo en pie.

Cuba no es fallida, Cuba es valiente. Y yo soy una de esas valientes.

Con la voz en alto, sin pedirle permiso a nadie.

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