Un grupo de soldados le quitan la ropa, lo azotan y lo ridiculizan. Él, luego, carga Su cruz hasta el Gólgota y es crucificado por los soldados romanos.
Jesús de Nazaret fue crucificado en Judea entre los años 30 y 33 d. C. La crucifixión de Jesús se narra en los evangelios y se hace referencia a ella en las epístolas bíblicas. La mayoría de los historiadores y especialistas en el Nuevo Testamento reconocen que la muerte en la cruz de Jesús de Nazaret es un hecho histórico, atestiguada por historiadores y otros autores no cristianos de los siglos i y ii d. C. que la mencionan. Sin embargo, no existe un consenso entre historiadores sobre las circunstancias o los detalles de la crucifixión.
Según el Nuevo Testamento, Jesús fue arrestado, juzgado por el Sanedrín de Jerusalén y sentenciado por el prefecto Poncio Pilato a ser flagelado y, finalmente, crucificado. En conjunto estos acontecimientos son conocidos como «la pasión de Cristo». Algunas fuentes no cristianas, como Josefo o Tácito, también aportan una imagen histórica, aunque muy esquemática, de la muerte violenta de Jesús. Por otra parte, para la mayoría de los biblistas, la presencia de una inscripción o titulus de condena de Jesús de Nazaret —presente de forma unánime en los cuatro evangelios canónicos— constituye uno de los datos más sólidos del carácter histórico de su pasión.
El sufrimiento de Jesús y su muerte representan los aspectos centrales de la teología cristiana, incluyendo las doctrinas de la salvación y la expiación. Los cristianos han entendido teológicamente la muerte de Jesús en la cruz como muerte en sacrificio expiatorio.
El país nuestro, Panamá, clama a ese Dios Justo y misericordioso para que nos ayude salir de la indignidad e ignominia en que nuestros gobernantes, corroídos por el comején de la corrupción, nos han hecho pasar, de tal modo que, nos han impuesto con su complicidad, las cadenas del oprobio y el ultraje.
Esta cruz que ahora llevamos a cuestas, es también quizás por habernos separado de tí, Oh Dios Omnipotente y Eterno. Permite pues que, seamos limpiados de la deshonra y la vileza y ábrenos las puertas de la dignidad y que podamos los panameños de hoy, enfrentar la afrenta y que fluya en esta tierra el Decoro, la dignidad y la decencia, que sean expuestos todos los corruptos y traidores que te traccionaron y te siguen traicionando, que también le han robado y diezmado la patria a los panameños y que te honremos a tí como el Sol de nuestra Justicia, la misma que traerá paz y sosiego para siempre.
A tí Jesucristo, El Príncipe de Paz y el Dios Eterno, sea toda la Gloria y la Honra, por los siglos de los siglos. Amén.
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