Editorial


Como un homenaje a una extrema vileza e inaudito arrastramiento y estulticia, del cual no se tiene registro en los anales de la historia patria, el canciller panameño, Javier Martínez Acha, según se expresa, por instrucciones expresas del presidente Mulino, envió un comunicado desafortunado al embajador de USA por el incidente en Washington el pasado sábado 25 de abril.
No es que seamos insensibles contra la violencia y cualquier acto que ponga en riesgo la vida de las personas, pero es que resulta incoherente que, frente a hechos trágicos en Panamá en la misma fecha, en donde un pastor cristiano junto a tres miembros de su familia, perdieran la vida, el gobierno nacional, ni siquiera expresara condolencias por tan infausto accidente que conmovió al país, pero sí tuvo tiempo para expresar formalmente; tranquilidad y alegría, por lo que sucede o no en Washington, misma sensibilidad que nunca fue expresada cuando un misil Tomahawk acabara con la vida de 175 niñas escolares y sus docentes en la escuela primaria Shajare Tayebé en Minab, provincia de Hormozgán, en el sur de Irán el pasado 28 de febrero, evento criminal ordenado precisamente por el presidente Trump.
Dice la Biblia en Mateo 26:52 ―Guarda tu espada —le dijo Jesús—, porque los que a hierro matan, a hierro mueren.
Es una advertencia sobre la violencia. Significa que quien utiliza la violencia para conseguir sus fines, terminará sufriendo las consecuencias de sus propios actos.
Nuestro país es amenazado constantemente con violencia precisamente por personas, las que no pueden esperar cosechar, sino lo que siembran. Ojalá se arrepientan de esas andanzas para bien de su propia salud y de la paz mundial. Entre tanto, el gobierno panameño debe ahorrarse estos comunicados llenos de estulticia, una vergonzosa conducta rastrera y genuflexa que, nos exponen a la ignominia.
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