

Licdo. Víctor Collado S.


No es que estemos cansados. Estamos hastiados. No hemos perdido la distracción pero ha crecido el aburrimiento. No estamos para cantar victoria con ruido de panderetas, pero es imposible desatender los síntomas del desánimo. Asumimos saber cuál es el camino y los objetivos, pero andamos tropezando increíblemente. Estamos indignados, aunque no infelices. Estamos hasta la coronilla por los mismos sujetos repitiendo frases pendejas, acompañadas con el eco de los zopencos. Pero son esos mismos los que elegimos o seguimos.
Estamos hastiados de las escuelas de ciudad bien pintadas y aires fríos sabiendo que las genuinas sobreviven en caminos de tierra, con techos de zinc y niños descalzos caminando en el desamparo. Y todos volando cometas ante el desastre galopante del sistema. Cansan las noticias sonsas de todo tipo mientras la cruda realidad pasa confundida con la publicidad engañosa. Es una monotonía insufrible ver y escuchar políticos fantoches con pasado y presente ambiguos que no tienen porqué estorbamos el futuro. Fastidian las boberías y la mediocridad de los subidos a las altas posiciones oficiales inventando horóscopos con los embustes del gobierno. Estamos empachados con las palabras domingueras de nueva vida, que no alcanzan para alterar las condiciones de la vida despiadada en las
comunidades.
Estamos sobrepoblados por felonías, deslealtades, infidelidades, delincuentes de cuellos prietos y blanquecinos, de autoridades blandengues hasta el meollo, de corruptelas de todo género, de vividores sin alma ni Dios, de los que se embarran de civilismo y honestidad para fingir el olor penetrante de sus trapos nauseabundos. Estamos hartos de organizaciones de paja de títulos pomposos, con abanderados añosos, que apenas tienen para gestos comunes.
El país tiene el vaso lleno de banalidades, de inconformes que hablan mucho pero hacen menos, de guerrilleros de papel pero miedosos esenciales, de predicadores remunerados que son mensajeros fanatizados del status quo.
El País viene de más a menos porque nosotros les cortamos las alas, lo privamos de espíritu, lo idealizamos con poemas malogrados, a merced de las intrascendencias, inundándonos la boca con censos y distraídos con pronósticos y cómputos mientras la situación nacional desciende en caída libre ante los ojos insensatos de sus hijos/as.
Estamos a tiro de piedra del surrealismo pero el hartazgo que nos abruma no requiere de mártires ni suicidas. Se necesitan gladiadores y paladines decididos en concluir este hastío que nos amenaza.
Solo eso y nada más.
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