

Por: José Dídimo Escobar Samaniego
El gran aporte de la Revolución Francesa y sus brillantes pensadores fue rescatar la igualdad de los hombres.
Así Juan Jacobo Rousseau, sostenía que: “la igualdad es un derecho natural que se corrompe al entrar en sociedad, siendo la desigualdad económica y política la fuente de la infelicidad social».
Igualmente sostenía «que el hombre nace libre e igual en el estado de naturaleza, pero la sociedad y la propiedad privada instituyen desigualdades que subordinan a la mayoría.”
Por su parte, Voltaire defendió la igualdad natural y legal de los hombres, argumentando que todos tienen los mismos derechos a la libertad, prosperidad y protección de las leyes, independientemente del nacimiento.
Creía que la virtud, no el origen, determina las diferencias entre las personas, siendo un firme defensor de la igualdad ante la ley.
Entretanto, Montesqueu consideraba que el «espíritu de igualdad» es el principio motor de la democracia. Si este espíritu se corrompe y desaparece, la democracia se desmorona.
Se supone que los claustros universitarios son el camino al conocimiento y éste nos debe llevar a la libertad y a la primacía de la dignidad humana fundamentada en la igualdad.
Sin embargo, en lo que constituye una grave contradicción, es desde la universidad donde se establece la antítesis de la igualdad al establecer la ponderación del voto entre profesores, estudiantes y administrativos; instituyendo así una desigualdad legal que constituye una grave agresión a la dignidad de las personas que son desvalorados y se les considera poca cosa por los que, habiendo tenido el privilegio de poder aprender para enseñar, asumen un papel egoísta y dan paso a una avaricia por el poder, se convierten en una tiranía contra la juventud estudiosa y dan paso a una lección a la sociedad que debe admitir que cuatro gatos, que son la oligarquía en el país, sean los que manden aunque no tengan un ápice de virtud.
La Universidad, cuyo Paraninfo siempre fue el centro del más alto debate académico, social, cultural y político; desde hace mucho tiempo esta silenciado, adocenado y acomodado a la cohabitación con las impresentables desigualdades que se viven en el país y de la cual la universidad pareciera que tiene poco que decir al desplegar la bandera de la insostenible desigualdad.
Si se hurgara para descubrir la causa profunda de la crisis por la que atraviesan nuestras universidades, una causa fundamental es aquella con que la oligarquía académica ha cooptado el poder universitario y han estado cómodos con el poder en sus manos y sometiendo al resto de los estudiantes y administrativos.
Con esta actuación impiden que las fuerzas motrices de la investigación se desarrollen y en cambio, sean ahogadas para satisfacer los aumentos salariales que les garantice amplios beneficios, sin que ello signifique el aumento de la calidad académica de nuestras universidades.
Argumentan los docentes que no somos iguales, olvidando que en el claustro se enseña además de con el libro, sobre todo con el ejemplo. Y es que, en las actuales circunstancia en que la universidad nacional se avoca a una nueva elección, se le enrostra a los ciudadanos del país que, es legítima la diferencia entre los que más tienen y mandan y los que menos tienen, y que además estos últimos sufren el vituperio de la tiranía de las minorías poderosas.
Con que moral puede la universidad alzar, si en el claustro existe una tiranía que sojuzga la libertad.
La lucha por la igualdad entre los hombres terminó en la universidad, defendiendo la tesis de que unos pueden y valen más que los otros, a pesar del sacrificio de millones de seres humanos que con su sangre han escrito el abecedario de la igualdad entre los hombres.
La ponderación del voto estudiantil universitario enfrenta el desafío de los nuevos tiempos ante la creciente participación democrática de la que esta urgido el debate de temas trascendentales de la vida nacional.
La elección del rector y los decanos en el órgano de gobierno, la representación estudiantil en el Consejo General Universitario como el órgano legislativo se debe atender al principio de un estudiante, un voto y lo mismo con los administrativos.
La renovación natural de quienes cumplen la culminación de una carrera no se compadece con el anquilosamiento de los integrantes de los órganos de gobierno.
Contentos y satisfechos deberían estar los profesores universitarios de la más alta calidad de su docencia en lo académico y en lo ético a sus estudiantes y por intermedio de ellos al resto de nuestra sociedad que atraviesa un período tenebroso como triste de gran opresión y represión a sus libertades. Ello sería loable y encomiable.
Perplejidad suprema, genera la grave contradicción que, los estudiantes y administrativos estén habilitados y puedan ejercer el voto para escoger al presidente de la república y al resto de las autoridades nacionales y regionales, pero no les alcance ese derecho para poder elegir a su rector y a sus decanos.
Es un verdadero atentado terrorista contra los derechos humanos y las garantías fundamentales que se pretenda como se ha hecho por mucho tiempo, escamotearle a los ciudadanos que son estudiantes universitarios, el derecho que tienen a que se cuente la integridad de su dignidad a través de cualquier sufragio que en virtud de la Ley se proponga.
Jesucristo enseñó una igualdad fundamental basada en el valor intrínseco de cada persona ante Dios, trascendiendo las barreras sociales, raciales y de género de su época. Proclamó que todos son uno en Él (Gálatas 3:28), ofreciendo salvación, amor incondicional y dignidad por igual a hombres, mujeres, judíos, gentiles, esclavos y libres. Si Dios no hace diferencias, ¿será lícito que el hombre las establezca a la luz de la justicia y la dignidad.
La respuesta a la interrogante anterior, es nó. El hombre en su naturaleza es un ser humano, igual a otro.
¡Así de sencilla es la cosa!


Como Homenaje al Dr. Miguel Ángel Candanedo, gran patriota y revolucionario que entregó su vida a la Universidad y a la academia.
165
Visitas totales
118
Visitantes únicos
Califica este contenido
[Total: 5 Average: 4.2]














