Sobre el terremoto que salió del terremoto


Lic. Víctor Collado S.
El súbito movimiento de tierra del 9/10 pudiéramos entenderlo teniendo en cuenta que existen 4 placas tectónicas en el País lo que resulta 1 placa cada 18,855 Km2 en razón que la superficie terrestre nacional tiene un aproximado de 75,429 km2.
Como resultado de esa expresión telúrica salieron a la luz pública comunidades enteras y personas valiosísimas que tenían (y tienen) una larga estadía viviendo completamente abandonados y peregrinando por un desierto a pie descalzo.
El gobierno decretó el Estado de Emergencia y autorizó el uso de fondos nacionales y contrataciones excepcionales, alejadas de la tramitología que dilata pero muy cerca de los recelos.
En la distribución de la ayuda oficial (como es lo recurrente), son inocultables las asignaciones sesgadas y las autoridades tiriteras más los politiqueros disfrazados de morisquetos, no se ahorran esfuerzos para la promoción personal porque en Pmá, más para mal que para bien, todo es o se hace político, en especial cuando ya se aproxima el campanazo electoral para el 2029.
No puedo sostener que el gobierno se haya quedando viendo los toros desde la barrera. Sin embargo, hay que confirmar que los millones comprometidos en ayudas y resconstrucciones lleguen a la gente y sectores genuinamente necesitadas, a través de una trazabilidad a prueba de balas y sospechas, divorciada por incompatibilidad de las telarañas de la corruptela, y se permitan los métodos de la contraloría social y rendición de cuentas al 200% sin barajas marcadas.
El Ejecutivo tiene la oportunidad para hacer camino propio y no redoblar en las tentaciones y maniobras de viejo cuño, aunque parezcan (y muy probablemente lo sean) soñadores y quiméricos estas pretensiones habida cuenta que hay pasos débiles para la mayoría y paso firme para los pocos.
Lo que sobresale por encima de todo es la solidaridad desnuda del pueblo mismo, sus gentes, sus organizaciones, entregando lo que necesitan y no tienen, sin medir sacrificios y ajenos a las recompensas de cualquier tipo o naturaleza.
La tragedia nos ha dado la esperanzadora imágen de un pueblo ayudando al prójimo. Recogiendo centavos, «pelarse» la cara en búsqueda de ayudas, haciendo milagros, emprendiendo viajes hacia el centro del desastre para repartir como Dios manda sin la parafernalia de videos, fotos y micrófonos en la boca.
Nadie quiere una réplica, parecida ni semejante a la del viernes pasado. Tampoco fue necesaria para que supiéramos la suerte de pueblo que tenemos. Solo que esta vez, aunque la prueba superó las expectativas, nos hizo ver, como tantas veces antes, que siempre llega el momento para comprender que el gobierno puede resultar un estorbo, añadiendo frustraciones, dolor y rabia, que hacen difícil superar la abrupta retorcida de la tierra.
Sobre los merecidos reconocimientos para los profesionales dedicados al levantamiento de construcciones, es justo recordar que en todas ella hubo, y habrá, mano de obra panameña en letra de Catalino Curet,:
«Y en los andamios de
la vida
Con los palaustres
de hermandad
Fabricaremos algún
día
La casa de la
igualdad»
(cantante José Feliciano, Juan Albañil)



