Por: Ramiro Guerra.
La oscuridad de la noche y la madrugada, le abrió paso al día. Entonces me di cuenta, que el yo dejó de ser el yo de antes. Las hojas blancas cayeron sobre mi cabeza y mi piel se volvió flácida y pigmentada. Me pregunté, que hice y no hice. Dejé de ser yo y ahora soy el otro, del que tanto me hablaron mis abuelos.
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