Cuando trasciende el Amor y la Gratitud

 

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

Omar Torrijos Herrera

 

Hay un viejo proverbio que dice; “Amor con amor se paga”, y no es mentira.

Omar Torrijos se nos fue trágicamente, siendo el líder indiscutible del país, y sin tener en sus manos ninguna responsabilidad formal de gobierno, hace hoy exactamente 42 años.

Quedó demostrado que su apego no era a la billetera, ni al dinero. Después de más de 40 años, no han podido reunir evidencias que lo vinculen a atraco alguno. Sobran, eso sí, todos los hechos de sus desvelos por nuestra soberanía y la liberación social del pueblo.

Muchas de las generaciones de hoy, que ni siquiera lo conocieron, sin embargo, el país entero, incluyendo a los jóvenes le tributan respeto y grata recordación al líder de la causa libertaria y de dignificación de los panameños. De eso hay evidencias en todas las redes sociales, y hoy está en las redes como tendencia en Panamá.

Pero es que Torrijos, a pesar de la mezquindad de algunos que, la historia los vomita con asco desde sus entrañas, por haber amado más a sus cajas registradoras que al pueblo, y por haberse entregado a la corrupción que todo lo envileció, es, no obstante, reconocido en nuestro continente, admirado, respetado y aún en el mundo, como un patriota que supo poner al lado de la patria y la dignidad de los panameños, lo que lo engrandeció delante de Dios y los hombres.

Torrijos lo tenía previsto cuando dijo el 24 de julio de 1971, casi exactamente diez años antes de que ocurriera: “Y tenemos que defendernos, porque el que se dedica a redimir injusticias sociales, tiene que pensarlo muy bien. Tiene que convencerse que no va a morir de viejo en una cama. El general Torrijos sabe que no va a morir de viejo en una cama. El general Torrijos sabe que va a morir violentamente, porque violenta es su vida, señores. Yo sé, y eso está previsto, y eso no me preocupa. Lo que me interesa es que el día que eso pase, recojan la bandera, le den un beso y sigan adelante”.

En medio de la pandemia, quizás en razón del drama que vivimos, nos obliga a repensar las cosas y a reflexionar sobre nuestra condición como nación. Desde lo más profundo de nuestra alma, surge la gratitud a Dios por la vida de Omar Torrijos y por todos aquellos que pensaron y actuaron con desprendimiento y servicio hacia su pueblo. Surge entonces una complicidad amorosa, así como también reconocemos a otro cholo que fue asesinado por la oligarquía, porque su delito fue dignificar a los cholos, campesinos e indígenas, como lo fue Victoriano Lorenzo.

Hoy el pueblo panameño, recuerda con cariño a Omar Torrijos. Para algunos, en el desatino de su envidia, les resultará algo sin importancia e intranscendente, tal vez porque, a ellos, se les recordará por algún tiempo, como rufianes, hipócritas, maleantes y como destructores de lo que Nuestro Señor nos concedió, en donde Omar y el pueblo panameño saboreamos; lo que es la dignidad y la libertad. No esa que se escribe, sino la que se siente en lo profundo de nuestro ser. Al final, serán olvidados, y pasarán al basurero de la historia y no tendremos de ellos, memoria, porque a esas generaciones, les será gravoso, empantanarse en el recuerdo de quienes no supieron erguirse ante las circunstancias históricas.

A 42 años de su partida física, Cómo no recordar pues, a quien se pasaba patrullando el país, buscando la manera de que la felicidad del pueblo dejara de ser una quimera.

¡Así de sencilla es la cosa!

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